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El miedo a hablar no se va, se maneja.

Actualizado: 16 sept

Y, sin embargo, pensé: Eso también también me pasa en español, mi lengua materna.
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Es complicado escribir sobre algo que, en teoría, “no debería decirse”. Sin embargo, como en cada clase, la honestidad y el respeto van primero. Si estás aprendiendo alemán, este texto es para ti.


Una de las chispas que encendió este proyecto fue un fenómeno que me conmovió profundamente: ver a tantas jóvenes —mujeres y hombres— decidirse a vivir en un país nuevo y construir una vida en un idioma que apenas empezaban a aprender. Esa valentía me inspira cada día.


Muchas de esas personas llegaban a Alemania con la idea de que el idioma se adquiriría casi por arte de magia en cuanto pisaran Frankfurt. Otras, en cambio, no dimensionaban el enorme desafío que estaban a punto de enfrentar. Esa mezcla de ilusión y “inconsciencia” me tocó el corazón y me motivó a ser mejor profesora, a crear un espacio donde compartir la pasión por la lengua y la cultura alemana.


Ese pensamiento, ese respeto hacia mi yo del pasado, es lo que me ayuda a ignorar las inseguridades y, de alguna manera, “hacerla quedar bien”.

A mí también me pasó, y me sigue pasando. Hay situaciones en las que los nervios me hacen “hablar peor” de lo que normalmente hablo. Y, sin embargo, pensé: eso también me pasa en español, mi lengua materna.


En reuniones con amigos a los que quiero caerles bien, frente al médico, o delante de personas a quienes me gustaría impresionar… muchas veces me escucho y, aunque lo que digo no es incorrecto, pienso: podría haberlo expresado mejor.Cuando estoy nerviosa, cada gesto de mis interlocutores parece un indicio de qué tan bien —o mal— estoy hablando. A veces, ni siquiera saben ni sospechan que mi lengua materna no es el alemán.


Siento que motivarlas es tan importante como serles sincera: no creo que el miedo a hablar se vaya; creo que se maneja.

En reuniones con amigos a los que quiero caerles bien, frente al médico, o delante de personas a quienes me gustaría impresionar… muchas veces me escucho y, aunque lo que digo no es incorrecto, pienso: podría haberlo expresado mejor.Cuando estoy nerviosa, cada gesto de mis interlocutores parece un indicio de qué tan bien —o mal— estoy hablando. A veces, ni siquiera saben ni sospechan que mi lengua materna no es el alemán.


Es en esos momentos de inseguridad cuando me conecto con la Laura que, alguna vez, no sabía una palabra de alemán. Me acuerdo de ella.Lo último que quiero es avergonzarme de todo lo que esa Laura soñadora logró.Ese pensamiento, ese respeto hacia mi yo del pasado, es lo que me ayuda a ignorar las inseguridades y, de alguna manera, “hacerla quedar bien”.


Así que, muchas veces, pienso: esto es algo que debería decirles más a las personas que tanto admiro por el desafío que están afrontando.Siento que motivarlas es tan importante como serles sincera: no creo que el miedo a hablar se vaya; creo que se maneja.Y también creo que cada conversación es una oportunidad para honrar a esa versión de ti que se animó, para demostrarle —a ella, y no a nadie más— que estás en el camino correcto.


LG, Laura

 
 
 

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